El alegato

Soy quien, por no juzgarlo, no necesita testigos para verlo todo. Soy quien guarda silencio para hacer oídos sordos y te clava la mirada para engullirte, mientras con la punta de la lengua se afila un colmillo.

Soy quien sin apretar, presiona. Soy letal dado mi bajo riesgo. Soy todos los gritos que no he dado. Un hatillo de miembros replegados y mirada ansiosa, soy. Soy el día que me muera, cada mía pequeña muerte y nunca el día que nací.

Soy yo lo que impide, lo que interrumpe, lo que no crece, lo que crece pero no madura, lo que madura pero se pudre. Soy mi placer y tu dolor.

Soy la infatigable creación del tiempo perdido interminable.


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